Años atrás recuerdo que el sindicado mejor deportista del siglo de Chile, el famoso Marcelo “Chino” Ríos, jugaba la final de un torneo contra uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, Andre Agassi. El partido era un domingo y de ganar el Chino se convertía en el primer jugador Chileno y latinoamericano en ser el número 1 de de este deporte.
En ese entonces, mi trabajo exigía que viajara al norte manejando largas horas por el desierto mas seco del mundo, es que en este lugar el agua esta descansando dejando la tierra al viento y el sol.
Si logras adivinar : ¡Si, ese día domingo de la final me toco viajar!.
El país estaba paralizado, todo el mundo estaba atento a la final y el muy suertudo estaba manejando y preparándose a entrar al desierto y disponiéndose con el mejor ánimo a que va a escuchar un partido de tenis por la radio. Creo que escuchar una transmisión de ajedrez por radio le iguala a la emoción de escuchar un partido por tenis por la radio.
En fin, fueron tres sets increíbles, ¡ a la mierda con que no tenía tv !, igual lo viví y grite intensamente.
Era el punto final, el chino iba a ganar, yo manejaba a 10 km/hr. Y aún recuerdo la soledad y el calor de esa carretera cuando grite con toda mi alma: Ganaste weon!!!!!!!!. No sé como se vivió en el resto de Chile, no sé si la gente gritaba, si salieron a las calles o si la plaza Italia se paralizó, pero ahí en mi soledad ese jugador propietario de una personalidad especial me había dado una profunda alegría. No había nadie, así que mas das, toque tan fuerte la bocina que de seguro llegaba hasta las piedras como si fuese un cincel, que mas daba si estaba solo pero feliz.
¿Por qué cuento todo esto?, ¿qué tiene de especial?. Porque pasado unos minutos , a un costado de la carretera y a unos cuantos metros de distancia apareció una bandera chilena. Al acercarme me di cuenta que la bandera era sostenida por una pequeña niña. No pude evitarlo y tuve que detenerme. La niña era claramente de escasos recursos, sus ropas eran precarias y por supuesto estaba descalza. Debe haber tenido unos doce años y su piel era del mismo color de la tierra, si tal vez era su madre y el sol su padre. La bandera chilena era reconocible solo por la forma porque el rojo era mas bien un gris, tal vez si por tantos años. Un poco mas lejos alcance a divisar una casa muy humilde, de esas que solo se ven en el norte. Me di tiempo de ver si la casa contaba con alguna antena, después recordé que aún es muy usual encontrar radios a baterías en esa zona, vale decir la niña escucho el mismo partido que yo.
Recuerdo con emoción que me acerque, me incline a la altura de sus ojos. La niña no se movió, en ningún momento no se asusto o sintió temor alguno por este ser que salio de una nave espacial.
Una vez en el lugar la niña bajo su bandera me miró con sus ojos negros y me dijo : ¿Sabias que somos campeones del mundo?. Por suerte llevaba unos grandes y oscuros lentes, por que mi timidez me impide llorar en público pero la gota fue inevitable que saliera evaporándose instantáneamente, es que este lugar no acepta el agua y la reclama de inmediato.
Levanto su pequeña manito, se despidió dejándome una sonrisa que me dejo sin dormir por varios días.
En las semanas siguientes la final la repitieron hasta el cansancio, tuve infinitas posibilidades de verla pero no quería. Mi deseo era seguir conectado con ella. Han pasado varios años de todo esto hasta que hace poco tuve la posibilidad de verla gracias a un amigo fanático del Chino. Ví el partido pero mi corazón estaba en otro lugar moviéndose con una bandera por el viento seco de esta hija de la tierra y del sol mientras que mi amigo se reía de mi por que le decía : ¿sabías que somos campeones del mundo?.






Calidad humana
He quedado entre emocionada, callada, reflexiva... Este es un relato delicado, de gran calidad humana, que hace sublimar sentimientos y sensaciones.
Junto mis manos, inclino mi cabeza y te saludo Juan Carlos...
M.