Cuando uno emprende un proyecto personal que implica cierto riesgo, el peor de todos los miedos, es el miedo al fracaso; y es sin duda uno de los más poderosos, y por desgracia, uno de los más difundidos. Este temor, que a veces se expresa claramente, es casi siempre inconciente y adquiere máscaras sutiles.
Evidentemente, el que no emprende nada no se arriesga a sufrir ningún fracaso, pero tampoco conocerá el éxito. El éxito no llega por milagro ya que siempre es resultado de un esfuerzo perseverante y una actitud mental positiva. El que no se visualiza próspero, no lo podrá ser jamás. Debe estar convencido profundamente del éxito de su proyecto, todos los que han triunfado, en primer lugar creyeron que podían hacerlo.
La energía interior de cada ser humano es prodigiosa. Esa es la única diferencia entre las personas que triunfan, que atraen el dinero como un verdadero imán y los que no conocen mas que éxitos apagados. El nivel de su enriquecimiento y su rapidez son directamente proporcional al nivel de energía invertida.
Para acumular dinero es muy importante amar la actividad que se hace, ya que de otro modo no podrá hacerla bien. Cuando el corazón está ausente, la energía también lo está. ¡La motivación es fundamental !
Paul Getty, una de las personas que acumuló más dinero en su vida, como pocos lo han logrado, dividía a los hombres en tres categorías:
- En un grupo se encuentran aquellos que trabajan mejor cuando lo hacen por entero para sí mismos, y llevan adelantes su propia empresa.
- Después están los hombres que, por numerosas razones, no desean lanzarse a los negocios por cuenta propia, pero obtienen los mejores y mas notables resultados cuando son empleados por otros, y participan de los beneficios de la empresa.
- la tercera categoría cuenta a los individuos que no aspiran más que a ser empleados asalariados, que son reacios a correr riesgos y trabajan mejor cuando son empleados por otros, beneficiándose de la seguridad de un salario.
¡Cada persona tiene el privilegio de decidir en que categoría quiere clasificarse!
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El defecto más común que arruina tantas existencias es postergar constantemente la acción, y por lo tanto, las decisiones. Es muy cierto que el timing tiene importancia. Una idea que no ha dado resultado en un momento dado, puede funcionar a los seis meses o al año. Las buenas ocasiones no se hallan eternamente presentes. Hay que aprovechar la ocasión cuando se presenta. Desde luego, siempre habrán nuevas ocasiones, pero si cada vez se vacila, serán demasiadas las ocasiones desaprovechadas. Dudar en aceptar un empleo, tardar en invertir en un proyecto, demorarse en hacer una oferta, todo ello puede ser fatal. Usted no se encuentra solo en la carrera, y si una ocasión es buena, lo más probable es que no sea el único en haberse dado cuenta. Por supuesto que quizás le falten algunos datos para tomar la decisión más tranquilo. Pero si espera
tener todos los datos, lo más probable es que pierda la oportunidad que se le presenta. Sin perjuicio de lo anterior, muchos hombres de éxito, pese a su audacia y a su rapidez de decisión, han desarrollado un truco que consiste en darse un último momento de reflexión, antes de dar su paso final. Póngale límite a su reflexión, por ejemplo, déle una hora para tomar la decisión, y deje que su intuición revise subconscientemente los datos del problema, o mejor aun, si la situación lo permite, duerma con el problema para que al despertar, tome definitivamente la decisión.
Haga trabajar a su subconsciente para usted. La mayoría de las veces la situación le parecerá mucho mas clara por la mañana. El momento ideal no existe. La falla de la mayoría de la gente consiste en esperar ese momento. Es una excusa perfecta, de apariencia seria y racional. El momento ideal, en general, es siempre. Si se quiere triunfar comience ya, hoy mismo. Una vez tomada la decisión, debe perseverarse. El no atenerse a la decisión inicial hace fracasar muchos proyectos. Los que cambian continuamente de idea jamás conocerán el éxito. Aunque a veces atenerse tozudamente a la decisión tomada pude ser suicida, la
mayoría de la gente no conoce el éxito porque en general abandonan demasiado pronto. El empeño que le falta a tanta gente es recompensado gran parte de las veces. El mejor remedio contra el miedo es la acción. Es por esta razón que no hay que esperar a no tener miedo para actuar. El miedo se desvanecerá durante la acción. La intención sin acción es pura ilusión. Atreverse a hacer es obtener el poder de hacer.
En la cultura china, el ideograma que representa la palabra crisis esta formado por dos símbolos que significan peligro y oportunidad.
Arriesgarse es superar el miedo. Nos arriesgamos cuando no conocemos el resultado final. Si sabemos lo que ocurrirá, eso no es arriesgarse, pues no se requiere valentía. Porque la valentía es no saber lo que puede pasar, es hacer algo arriesgado a pesar del miedo, ya que sin miedo tampoco hay valentía.
La mejor inversión es uno mismo. Invierta en recursos para perfeccionarse y ponerse al día, o dedíquese a leer buenos libros. Recuerde que intelectualmente uno es lo que lee, así como nuestro cuerpo termina siendo lo que comemos. El hecho que haya terminado una carrera profesional no significa que no deba seguir estudiando. O si no lo hizo, eso no debe ser excusa para estudiar y perfeccionarse en lo que más le interese. La vida esta hecha para invertir siempre, creciendo, aprendiendo y progresando.
Para progresar es necesario dar más de lo que se recibe. Es por esta razón que el empleado que no hace más de aquello por lo que se le paga, sencillamente no merece un aumento de sueldo.
En verdad, esta ley es muy simple, es la ley del retorno: uno recibe lo que da. Los que dan poco, reciben poco.
El que aplica la ley del esfuerzo suplementario se ve siempre recompensado. La compensación adquiere diversas formas a veces inesperadas y sorprendentes. La más corriente es el ascenso, o el aumento de sueldo. Pero para la persona que ha desarrollado el esfuerzo suplementario puede ocurrir que esta compensación provenga de otra persona que no sea su empleador actual. Existe una justicia inmanente que siempre se cumple.
¡Ningún esfuerzo se pierde nunca! No ahorre esfuerzos en el desarrollo de su trabajo. Jamás son inútiles. Aunque no encuentren una recompensa inmediata, son como dinero en el banco.
del libro "el Dinero y el Ahorro", autor: grupo de investigacion " saving trust".





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